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Miguelito Cuní, el sonero en centenario

Miguelito Cuní, el sonero en centenario

 

Miguelito Cuní, el sonero en centenario

Por: Sergio Santana

No hay que decir muchos adjetivos, valorar su obra sonera y sus pocas y magistrales ejecuciones del bolero, solo es reconocer que su vida lo llevó a la categoría de uno de los mejores cantantes salido de las entrañas de Cuba. Nos referimos a Miguelito Cuní, quien por este año está en la celebración del centenario de su natalicio junto a otros grandes como Pio Leyva, Mongo Santamaría y Dámaso Pérez Prado, por solo citar su trascendencia. Vamos a recordar y a celebrar la vida y obra de este sonero grueso que tanto hemos escuchado y bailado…

Fue bautizado con nombres de santos, Miguel Arcángel Conill, pero por aquellas cosas de la familiaridad y la humildad se le conoció como Miguelito Cuní. Nació en el barrio Ajiconal de Pinar del Río, Cuba, el 8 de mayo de 1917, hijo de Pastor, obrero agrícola, y Valeriana, ama de casa. El menor entre seis hermanos. Se crió en el Solar de Lolita Santiago en la calle Maceo No. 28 de Pinar del Río. En sus primeros años aprendió el oficio de ebanista. En una entrevista con Ezequiel Rodríguez, Cuní recordaba sus inicios: “Mi vocación musical comenzó a los ocho años de edad, cuando trepé un muro que daba al fondo de la Sociedad del Liceo de Pinar del Río para escuchar al famoso Sexteto Habanero. Recuerdo que los cantantes eran Cheo Jiménez y Gerardo Martínez. Esto hizo impacto en mí”. Más adelante en la entrevista con Rodríguez enfatiza que “Estudié algo de música con Antonio Sánchez, pero tuve que dejarlo por la lucha para ganar el pan”. Años después se dedicó al canto y se estrenó en un sexteto familiar, Hermanos Cuní Sexteto Columbino, conocido también como Sexteto Los Carameleros -de marímbula, maracas, claves y guitarra-; profesionalmente se inició con el Septeto Caridad de un tresero renovador: Niño Rivera, alternando con la orquesta de Fernando Sánchez. Cantó también en estos años en Pinar del Río con la orquesta de Jacobo Rubalcaba y la Yamilé de Rolando Ruíz.

En 1938 cumplió su sueño de radicarse a La Habana para incorporarse a la orquesta de Ernesto Muñoz para actuaciones en las emisoras Radio Progreso y en la CMBQ Ideas Pazos -de Rufino Pazos-, donde la hora de transmisión diaria contribuyó mucho a darlo a conocer. Entre 1941 y 1942 integró simultáneamente el conjunto del renombrado Arsenio Rodríguez, convirtiéndose en la primera voz con el que grabó el conjunto del ciego de Macurijes, y las Orquestas de Arcaño y sus Maravillas y Melodías del 40, con presentaciones en la emisora CMQ. El mismo Arcaño en entrevista con Leonardo Depestre lo recordaba así: “A inicios de los años cuarenta, en la antigua emisora Casa Lavín, de Reina 314, que luego fuera Mil Diez, comenzó Cuní a trabajar conmigo… Fue un cantante que gustó mucho entre los bailadores, con una voz fuerte de sonero grande, muy inteligente, con exquisita pronunciación y una tesitura de extensión poco común en cantantes de su género”.

El Conjunto de Arsenio Rodríguez. Miguelito Cuní aparece a la derecha, tocando la clave cubana

En junio de 1946 abandonó el conjunto de Arsenio -en su reemplazo llegó René Scull- para cumplir una serie de contratos y actuaciones en Panamá; regresó dos años después para integrarse nuevamente al conjunto de Arsenio para exitosas grabaciones, hasta que este optó por viajar hacia Nueva York definitivamente y el conjunto quedó en manos del trompetista Felix Chapottín. En estos días Cuní pasó brevemente por el Conjunto Los Astros, de René Álvarez y se integró al grupo de Chapottín, conocido ahora como Chapottín y sus Estrellas.

Sobre el encuentro con Chapottín, Cuní le comentó a Orlando Quiroga: “conocí a Félix en 1936, allá en Minas de Matahambre -en Pinar del Río- , lo vi venir, no tenía idea de quién era, y me preguntó una dirección porque su orquesta tenía palabreado un baile allí. Yo, que era muy curioso, me ofrecí para acompañarlo y supe que se trataba de un trompetista de La Habana, que tocaba en el Sexteto Bolero… unos 15 años después, aunque ya nos habíamos visto por ahí, comencé a trabajar con él cuando estábamos en el conjunto de Arsenio Rodríguez”. Con Chapottín alcanzó el mayor reconocimiento, sus sones vibrantes se destacaron en todo el escenario cubano de esos años, también en grabaciones, hasta llegar a catalogarlo como uno de los grandes soneros cubanos.

Entre 1953 y 1954 perteneció al Conjunto Modelo fundado por Niño Rivera y Félix Alfonso con antiguos integrantes del conjunto de Arsenio. En 1956 realizó presentaciones en Cuba y en Venezuela con la orquesta de Benny Moré a petición del Bárbaro, que admiraba sus cualidades al expresarle a sus músicos en una oportunidad mientras escuchaban sus grabaciones en un traganíquel: “oigan bien, no se pierdan ni una nota. Mulato. ¡Qué bien canta Cuní!”. Ingresó como reemplazo de Fernando Álvarez que se ausentaba por enfermedad. En 1958 y como Miguelito Cuní y su Septeto grabó para Gema el LP “Sones de ayer por Miguelito Cuní” (Gema 1108). En el grupo estaban Niño Rivera, en el tres y director; Óscar Velazco Florecita, en la trompeta; Lily Martínez o Nené Pedroso, en el piano; Bienvenido Cárdenas, en el bajo; Papá Kila, en el bongó; Chico Fresneda en la guitarra y segunda voz; y Filiberto Hernández, en la tercera voz.

Regresó al conjunto de Chapottín y en 1959 en una gira por las Antillas Holandesas grabó con un conjunto llamado Estrellas del Caribe de Edgar Supriano. En ese mismo año estuvo para unas presentaciones con la orquesta Sabor dMiguelito Cuní con Tito Gómee Cuba de Bebo Valdés y con esta orquesta grabó “La virgen lloraba”, incluido en el LP “Gemas de Navidad” (Gema 1120), junto con los temas “Invierno y Navidad” y “Mi nochebuena en Oriente”, grabados con su conjunto.

En marzo de 1960 actuó en el Palladium de Nueva York con el conjunto de Arsenio. Regresó a La Habana pese a proposiciones favorables para permanecer en la unión norteamericana. Continuó grabando con el conjunto de Chapottín en los años sesenta.

A mediados de los años setenta grabó con el conjunto de Niño Rivera el tema de Jorge Mazón “Nuevo son” y a finales de la década resurgió de entre los espesos muros del olvido y participó en una renovada orquesta de Antonio Arcaño para grabar, expresivo y afinado como en sus primeros años, el bolero “Lágrima” insertado en el danzón cantado de Orestes López “Caraguao se botó”.

Igualmente integró una delegación cultural que visitó la Unión Soviética, respaldado por una nueva versión de la Orquesta de Música Moderna con junto a músicos de la talla de Enrique Jorrín, Richard Egues, Tata Güines, Juan Pablo Torres, Felo Bacallao, Teresa García Caturla, Carlos Embale y Chapottín. Allí su salud se vio afectada notablemente por los cambios climáticos y a su regreso sufrió una neumonía. Aún así fue seleccionado junto a Félix Chapottín para conformar las Estrellas Areíto con los músicos, cantantes y arreglistas más sobresalientes en sus respectivos instrumentos en Cuba: Niño Rivera (tres), Rubén González y Jesús Rubalcaba (pianos), Amadito Valdés (timbal), Félix Chapottín, Manuel Mirabal El Guajiro, Arturo Sandoval y Jorge Varona (trompetas), Juan Pablo Torres y Jesús Aguaje Ramos (trombones), Paquito D´Rivera (saxofón), Richard Egues y Melguiades Fundora (flautas), Tata Güines (conga), Enrique Jorrín (dirección y violín)… Y entre los vocalistas además de Cuní, participaron Tito Gómez, Carlos Embale, Pepe Olmos, Felo Bacallao, Pío Leyva, Magaly Tras y Teresa García Caturla. Las grabaciones de las Estrellas Areito se publicaron en cinco álbumes y entre los cuales Miguelito cantó “Que traigan el guaguancó”, “Guaguancó a todos los barrios” -junto a Filiberto Hernández-, “Yo si como candela”, “Trompetas en chachachá”, “Prepara los cueros” y “Azúcar con ají”.

Con las Estrellas Areito Cuní viajó a Venezuela en mayo de 1981 para presentaciones en el Poliedro de Caracas y sorprendió cantando vigoroso el bolero de Bienvenido Julián Gutiérrez y Marcelino Guerra “Convergencia” -su interpretación máxima e insuperable en el bolero- con el respaldo del Sonero Clásico del Caribe.

Un año antes, en 1980, Cuní y Pablo Milanés cantaron juntos en el Festival nacional del Son, celebrado en Guantánamo, el mismo bolero que ya Cuní había grabado en 1958 y era uno de sus boleros bandera. La grabación posteriormente circuló en algunos álbumes recopilatorios, una obra maestra de voces, integración y pasión, del pasado y el presente.

Entre las últimas grabaciones de Cuní figura su participación en el álbum “Descarga cubana”, publicada en 1981, junto a Ricardito Rivera, Sara González, Caridad Cuervo, José Antonio Rodríguez y otros. Ese mismo año en un álbum homenaje a la cancionera Marta Valdés cantó los boleros “Tú no hagas caso” y, a dúo con Pablo Milanés, “Deja que siga solo”, con Emiliano Salvador en el piano, Eduardo Ramos en el bajo, Frank Bejarano en la batería y Panchito Bejarano. A pesar de su precario estado de salud, la expresión y afinación de su voz estremecen.

La última gira al exterior del dúo Chapottín-Cuní fue a México el 31 de julio de 1982. A finales de ese año actuaron en el Festival de Varadero; al culminar el festival Cuní sufrió una trombosis que lo mantuvo recluido en varios centros hospitalarios. Tan pronto se recuperó estuvo con Chapottín en Pinar del Río y en los carnavales de Santiago de Cuba. Empezó a sufrir de gangrena y problemas cardíacos que se acentuaron con la muerte de su amigo y compadre Félix Chapottín -de quien dijo en una entrevista “es un cabrón genial con la trompeta, no hay nada parecido dentro de la línea del son”- el 21 de diciembre de 1983. Un duro golpe a la sensibilidad sonera del cantante.

Hay que destacar la faceta de compositor de Cuní, al que siempre han visto como intérprete. De esta otra faceta pueden citarse los son montunos “Congo africano”, “¡Ay mamita!”, “Batanga africana” y “A bailar con la guajira”. Además del tema santero “Lloró Changó”, los boleros “Las ansias mías” y “A ti, Benny Moré” y la guaracha “Esto no se ve”, entre otra composiciones.

A las dos de la tarde del 3 de marzo de 1984, en el Hospital Hermanos Ameijeiras de La Habana, llegó “el principio y fin de la ilusión” de Miguelito Cuní.

Cerramos este recorrido con las palabras de la vocalista Moraima Secada que resume al genial pinareño: “Aunque sonero natural, lo mismo cantaba un bolero de esos que estremecen, que un son o un guaguancó. Muy completo como intérprete, y muy afinado, con una cuadratura y un sentido del ritmo bárbaros. Y si a eso se le une la simpatía de su personalidad, es fácil comprender por qué gustaba tanto…”

Fuentes consultadas:

Depestre, Leonardo. (2000). La voz imprescindible del son: Miguelito Cuní. Recuperado de:http://www.lajiribilla.co.cu/2001/n20_septiembre/memoria.html

Marquetti, Rosa. (2016). Miguelito Cuní: sólo su nombre. Recuperado de: http://www.desmemoriados.com/miguelito-cuni-solo-su-nombre/

Santana, Sergio. Cuní y Chapottín, soneros mayores. Boletín Rumbantana, Medellín, Colombia.

http://www.radioelsalsero.com/2017/05/miguelito-cuni-el-sonero-en-centenario.html?m=1

SalsaJazzy

Mayo 9th, 2017

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